Ya lloré
me enojé, grité, me peleé con mi familia,
extrañé mi casa y mis amigos,
mi ropa de invierno,
me lamenté por mis plantas que se están muriendo de sed
y por las boletas impagas debajo de la puerta
ya armé casas en Los Sims
ya intenté leer muchos libros
y no pude terminar ninguno
vi un documental y otro y otro y otro
escuché los quinientos mejores discos
según la Rolling Stone
ninguno me pareció tan bueno
ya me hamaqué en la hamaca paraguaya del patio
ya me bañé por más de veinte minutos
ya prendí el horno más de quinientas veces
ya hice pastas, pizzas, galletitas y tortas
hice mermeladas y dulces de membrillo
ya me peleé con mi pareja
y ya nos arreglamos
ya hice reuniones de zoom con mis amigos
y con mis no tan amigos
ya llamé a mi amiga que vive en Francia
y a mi psicóloga
y a mi tía que no quiero tanto
y a mi abuela
y a mi abuelo que escucha ausente pero escucha
ya miré las mejores películas de Netflix
ya vi dos series que me dejaron triste
ya me obsesioné con la trata de personas
con el patriarcado, con la contaminación
ya investigué sobre los discursos políticos
ya odié a Trump y a Bolsonaro
ya recé creyendo en nosequé
ya menstrué
ya me teñí las raíces
jugué al chinchón, al truco, al desconfío
intenté estudiar
para entender que igual no voy a poder
bañé a la perra muchas veces
la besé en las orejas
limpié los baños
lavé la ropa
amasé un par de panes
que se convirtieron en rocas de harina
abrí varios vinos y cervezas
los tomé para darme cuenta
que tomar sola no es tan divertido
también bordé cosas horribles
pinté
dibujé
copié obras de arte famosísimas
para comprobar que no soy artista
y esta es la primera vez que escribo.
25.4.20
2.3.20
Miopía si astigmatismo no
Hace rato que no veo bien. Hace rato significan exactamente ocho
años desde que lo noté; no sé cuántos más en la ignorancia. Mañana se termina
eso de no ver. Mañana me curan y me moldean las corneas hacia la perfección.
Siento muchas cosas; por ejemplo que voy a extrañar los anteojos, que me va a
costar darme cuenta dónde los dejé porque no los dejé en ninguna parte, que me
los voy a estar arrastrando ficticiamente por el puente de la nariz, que ya
nadie me va a preguntar cuánto aumento tengo por lo chiquititos que se me ven
los ojos a través de los vidrios, que ahora sí se van a dar cuenta cuenta
cuándo estoy llorando (y cuando no), que voy a dejar de ser la de los anteojos
extravagantes para ser la que no usa nada en la cara: me voy a tener que poner
un piercing para solucionar eso. Estos últimos meses antes de la operación se
convirtieron en leer cosas referidas a los ojos, literatura que me ojeó, como
Sangre en el ojo de Lina Meruane o El nervio óptico de María Gainza. También
miré muchas películas. No sé porqué, mi obsesión me dijo que por las
dudas.
Me di cuenta que no veía bien
porque en la escuela, en las pruebas de matemática me iba mal. Creo que me fue
mal todo tercer año hasta que la salvé de pedo en diciembre. Yo iba a profesora
particular siempre antes de las pruebas, un poco porque me iba mal, otro poco
porque me mandaban a hacer todas las actividades extracurriculares que hubiera
en Chajarí en ese momento. En particular los ejercicios me salían perfecto.
Llegaba el día de la prueba y la profesora, que en este caso se llamaba Ma.
Irma, copiaba los ejercicios en el pizarrón y todxs éramos una máquina de
copiar rápido, resolver, dudar, gritar por dentro y entregar la hoja
temblequeando. Algunos se macheteaban, otros no. Yo me anoté un par de veces las
fórmulas en la calculadora científica pero los nervios de ser descubierta en
pleno delito no me dejaban mirar ni una vez. Yo practicaba y practicaba pero
los resultados eran malísimos. Hasta que un día, como en noviembre, me paré con
esas piernas terísiticas que ya ni existen y le pregunté a Ma. Irma que qué
había hecho mal porque resolví todo de vuelta y los resultados me daban
exactamente los que yo había puesto en la prueba. Ella los revisó, dió vuelta,
miró de acá para allá. Estuvimos tooodo el recreo largo mirando la prueba,
evaluando signos, paréntesis y formitas hasta que por allá, justo antes de que
tocara el timbre, a ella se le ocurre corroborar con el examen original. Y el
examen original tenía otros resultados pero los míos estaban bien también. Algo
había pasado: o habíamos cambiado las leyes de la matemática o creer y
reventar. Pero no, había un motivo. En lo que yo había copiado, donde debía ir
un cinco, había un ocho, donde iba un tres yo copié un nueve y así
sucesivamente, tenía todos los números cambiados. Yo me sentaba en el fondo y
efectivamente sabía resolver los ejercicios a la perfección, solamente yo no
veía un pedo.
Al otro día nomás me llevaron
casi de urgencia al oftalmólogo (no sé si era tan urgente pero yo tenía que
salvar el trimestre, y la escuela en casa importaba más que todo), y se
confirmó lo que sospechábamos: 2.50 de aumento en el ojo derecho, 1.75 en el
ojo izquierdo. Volví a casa con unos anteojos blanquísimos, que si se apoyaban
en superficie blanca no se veían, y siempre los perdía hasta que ponía a toda
la familia a buscarlos porque yo, sin anteojos, nada de nada.
Hoy es el último día que uso
éstos marrones que llevo puestos, marrones para encontrarlos muy rápido. Hoy es
el último día que en la nariz voy a tener dos marcas rojísimas porque mi
graduación pesa más que la de 2.50. Hoy me despido de la miopía con 5.50 en el
ojo derecho y 5.00 en el izquierdo, Hoy me despido de los anteojos para empezar
a ver la vida en HD. Hoy me despido de ser la anteojuda para ser sólo la
ojuda.
Los voy a extrañar, compañeros
de visión. Gracias por ayudarme a aprobar matemática y tantas otras materias.
Los quise un montón.
3.11.19
Hamburguesas
Paso el puestito de hamburguesas de la estación de trenes y el olor rico, el olor a un pasado de papilas gustativas llenas, me hace flaquear, me hace pensar que mi vegetarianismo podría quedarse en stand by un ratito; y no puedo dejar de pensar al mismo tiempo en esos corderitos peludos que se van a morir, en los terneritos que lloran, en todos chanchitos rosados que vi frizar y desfrizar para año nuevo, en todos los conejos que nunca quise probar porque el conejo me era tierno, propio, cercano y suavecito, casi como comerme un perrito o un gatito. Y me pregunto qué hay de natural y qué de artificial en toda esta construcción semi-empática que hace un tiempo me llevó a dejar de comer cosas que sangran (y es semi porque el pescado me sigue gustando, lo sigo extrañando, y no puedo dejarlo del todo).
Me cuesta quizás porque recuerdo todos esos veranos de ignorancia en alguna playa de Brasil donde en ese Brasil no habían Bolsonaros ni Marielles Francos muertas, y yo ni sabía qué era la derecha o la izquierda, y me gustaba la arena, el mar y el sol y no me cuestionaba cada paso que daba ni cada cosa que tragaba. Pienso en qué es lo que tendrá todo esto de saber que algo mal estamos haciendo y no poder vivir en paz, sin dejar de pensar en esta injusticia o en aquella otra, en no poder dejar de desenrollar hilos en la mente que no sé si algún día servirán para algo. Capaz el pescado me representa el deseo a querer regresar a ese Brasil de mi ignorancia, a esa frescura de vivir siempre en una burbuja de protección fresca y acolchonada, que no dejaba chocarme con ninguna noticia horrible, o que hacía que las noticias horribles ni me importaran porque yo estaba mega ocupada en Nick Jonas o en las novelitas de Blogger, o en las estrellitas que caían del puntero, o en el Msn. No sé cuándo fue el impacto, no sé cuando sucedió eso de querer dejar de tragar cualquier cosa, sangrara o no.
Me cuesta quizás porque recuerdo todos esos veranos de ignorancia en alguna playa de Brasil donde en ese Brasil no habían Bolsonaros ni Marielles Francos muertas, y yo ni sabía qué era la derecha o la izquierda, y me gustaba la arena, el mar y el sol y no me cuestionaba cada paso que daba ni cada cosa que tragaba. Pienso en qué es lo que tendrá todo esto de saber que algo mal estamos haciendo y no poder vivir en paz, sin dejar de pensar en esta injusticia o en aquella otra, en no poder dejar de desenrollar hilos en la mente que no sé si algún día servirán para algo. Capaz el pescado me representa el deseo a querer regresar a ese Brasil de mi ignorancia, a esa frescura de vivir siempre en una burbuja de protección fresca y acolchonada, que no dejaba chocarme con ninguna noticia horrible, o que hacía que las noticias horribles ni me importaran porque yo estaba mega ocupada en Nick Jonas o en las novelitas de Blogger, o en las estrellitas que caían del puntero, o en el Msn. No sé cuándo fue el impacto, no sé cuando sucedió eso de querer dejar de tragar cualquier cosa, sangrara o no.
9.10.19
Un poema apurado
Quiero a veces escribir con rima
como todos esos poemas que nos leemos a la siesta
antes de cambiar de clima
y abandonar la literatura por la fiesta
levantarnos y con besos y cosas
me digas que a veces soy tierna
tierno es que me regales rosas
y se marchiten y se sequen
pero que los otros no se queden
y me beses mientras hasta el tuétano
y el koxis y las pestañas y las manos
y las pantorrillas y las costillas y a los costados
y los pulmones y atrás de las orejas
y la clavícula y la pierna derecha
y leeme, por favor leeme
que cuando eso pasa
el vacío no avanza
y yo me quedo por acá nomás
tratando de ser como las cosas buenas
estando contenta, siendo feliz
quiero ser tu pan recién horneado
quiero ser tu aprendiz.
9.9.19
Escribo porque no sé qué hacer
Preparo parciales
se me vencen las boletas
espero hasta que me quieran
cortar el gas
llueve y no tengo ganas de salir
nunca me puedo concentrar
me inspiran demasiadas cosas
a veces lloro bajito
a veces silbo bajito
mayormente lloro
hay olor a quemado por todas partes
se incendian cosas
el mate se lava y me duele
la panza
voy mucho al médico
extraño a mi perra
me pican las piernas
extraño Barcelona
no cambio nunca las fotos
escribo
porque no sé qué hacer.
23.8.19
Un poema breve
Vivir acá es:
el espejo tiroteado de pasta dental
las hojas secas de esa planta que nunca se acostumbró a mí
la lapicera que ya no funciona pero que no voy a tirar
el no-sinceramiento de mi biblioteca
los programas de televisión que dejamos de fondo para comer
los libros a medio terminar
las repisas llenas de cosas y polvo
las toallas húmedas en el baño
que mi comida favorita sea algo tan tonto y simple como los ñoquis de papa
la ropa colgada ya seca que espera que la guarde.
3.3.19
Día 24: pospuesto muchas veces
Cambio de lugar
me muevo
no creo que sea
una cosa inerte;
las huellas de las cosas
me quedan por la piel
adoquines en la espalda,
las vértebras
de esta vida que
mal que mal,
me deja seguir viviendo.
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